
Y así llegas a tocar las fibras de mi cuerpo, como tocas las
cuerdas tensas de tu guitarra; con decisión, creatividad y armonía.
Y te dejas llevar por los latidos de mi pulso, como el metrónomo
que guía tus movimientos acompasados en mi vientre, marcando impulso tras
impulso.
Y afinas cada beso que me das, cual sonido de un diapasón
posado en la curva de tu guitarra, esperando a coincidir con la nota La de mis caderas…