
Ellas no me esperaron cuando terminaron su baño. Caminaron hacia la arena seca sin importarles la soledad de mis temores frente a un océano agitado por brazos oscuros.
Echo de menos el sol. Aquél que alumbró mi aura y la cambió de color. Echo de menos el deseo de llegar y sentir cómo me refrescaban sus olas y cómo la arena seca calentaba mi piel. Cómo al introducir mis pies en la cálida y fina arena de su paraíso, hacía estremecerme de placer.
Quise adentrarme en el mar... pero estaba oscuro...
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